Art Consultant Mosto & Rojas Arte

Alejandro Perez Becerra

Alejandro Perez Becerra

el aro de fuego by alejandro perez becerra

Alejandro Perez Becerra

El aro de fuego, 2014

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cyrk/cryc (en polaco, circo-ocultar) by alejandro perez becerra

Alejandro Perez Becerra

Cyrk/Cryc (en polaco, circo-ocultar), 2014

Price on Request

Tuesday, July 1, 2014Thursday, July 31, 2014

Paraguay 934 Piso 1 "G" Cuerpo 2
Buenos Aires, 1057 Argentina

De la serie del circo, algo referencial y politicamente incorrecto.

Esta serie trata de parte de la fantasía de una infancia de antes, sin juegos electrónicos, ni televisión, con mucha radio, un poco de cine, mas en blanco y negro que en color. Pero con mucha fantasia, muchas series de heroes que convivían, en un paisaje de selva con animales que al fin se nos hacían tan comunes como un perro o un gato. Bomba, Tarzán, Jim de la selva y otros.

Nuestra fantasía se hacía realidad en algo tan colorido, misterioso, cada verano a la llegada del circo, con sus ruídos, olores, personajes y sobre todo...las bestias. Tenían nombres fantasiosos, todos ellos decían: "Internacional", o los Hermanos tanto, o el circo Internacional de los Hermanos... Pero siempre, año tras año, era el mismo, maquillado distinto, pero en el que ya habíamos aprendido a reconocer a los personajes, desde el adiestrador de los elefantes "indio" o "arabe" o "Turco" con turbante y capa o sombrero tejano, que además cortaba las entradas y al que veíamos tomando mate y puteando con un acento correntino desorientador (para nosotros). O la ecuyere, rara palabra para la gordita paraguaya que a veces nos repartia entradas en la parroquia. Porque ese circo siempre estaba en los terrenos de la iglesia del barrio.

Nadie nos hablaba en esos tiempos del maltrato animal: del humano menos. Un león flaco, un dromedario de cuero apoliyado y un rinoceronte de cuerno malgastado eran y seguiran siendo para mi el Africa. Tampoco nos preocupabamos mucho por las orejas desgarradas de los elefantes ni de su cabeceo hipnótico y un tanto narcotizado, pero verlos ayudaría a respetar a Tarzan a la hora de la merienda cuando escucharamos en la radio bramar a Tantor.

Miro ahora por tv, los circos de moda sin animales y con sus personajes andróginos, equilibristas y trapecistas atados a un alambre que hubiera sido imposible de ocultar a nuestra inocencia. Y comparo con esa magia con mucho olor de aserrín, de acaroina y de la bosta evidente. Pienso en los cuerpos musculosos, pero naturales, algunos un tanto panzudos. Mujeres de tetas armadas y mucho colorete en la cara entalcada, casi más mascarones de proa que humanas. Y los payasos que ya hasta conocíamos por sus nombres reales o eso creíamos que armaban, desarmaban y contaban sus chistes procaces en todos los bares de la cuadra. Si, "Grinpis" acá no estaba presente y menos en nuestra infancia donde jamás se metió con nuestras fantasia, que ya se hacía cuerpo a unas cuadras con el olor a Circo. Circo, con muchos animales.

Alejandro Pérez Becerra