Galeria Marta Cervera

Nicolás Guagnini: Para los hijos de la revolución fallida

Nicolás Guagnini: Para los hijos de la revolución fallida

invitation by nicholas guagnini

Nicholas Guagnini

Invitation

Saturday, November 16, 2013Saturday, January 4, 2014


Madrid, Spain

Please scroll down for English Version

To the Children of the Failed Revolution.

From November 16 through January 4, 2014

En su primera exposición individual en la Galería Marta Cervera y su presentación en España, el artista argentino Nicolás Guagnini, quien vive y trabaja en Nueva York, presentará cuatro pinturas casi blancas. Las obras prácticamente idénticas de esta serie repiten un eslogan famoso, escrito en una esquina parisina a principio de los años cincuenta. Las pinturas representan una imagen fotográfica que solo se reconoce como tal cuando el espectador descifra la inscripción. La imagen es un recorte de una polémica tarjeta postal mostrando una pared de un edificio en París inscrita con el graffiti situacionista 'NE TRAVAILLEZ JAMAIS', que fuera probablemente ejecutado con tiza por el teórico, cineasta, activista y crítico cultural Guy Debord.

En 1963 Debord recibió una carta del Cercle de la Librairie en demanda de pago por violación del derecho de autor de un editor llamado Buffier. Debord fué acusado, correctamente, de usar la fotografía del graffiti en la revista Internationale Situationniste, tomándola de una serie de postales de escenas parisinas con subtítulos “graciosos”. En una respuesta brillantemente concebida, Debord argumentó que dado que era el el autor de la inscripción original del eslogan en la pared (aduciendo que podía proporcionar varios testigos del hecho), eran de hecho el editor y el fotógrafo quienes violaban su derecho de autor. Rechazando la ley de propiedad intelectual por completo, Debord propuso magnánimamente no demandarlos. La frase se convirtió en uno de los eslóganes más recordados de Mayo del 68.

La premisa 'Ne travaillez jamais' se celebra y se repite, pero ha sido difícil implementar una circulación efectiva a pesar, o quizás a causa de su extraña familiaridad. Irónicamente, la crítica situacionista del trabajo no es más funcional, y la IS y su ideología han sido cosificados, se han convertido en un tótem cultural, un asunto de los departamentos de Historia del Arte y de las notas al pie de catálogos de exposiciones, como una unidad definida de valor en la economía del saber. Las obras de esta exposición intentan poner la frase de vuelta en circulación nuevamente vía pictórica, un espacio histórico y cultural donde de seguro la prescripción situacionista no debería ni podría jamás circular. El espacio de producción de objetos y significados reclamado por las obras de Guagnini, y su diseño específico para su venta en el mercado cubren sistemáticamente todos los puntos que garantizarían la expulsión de la Internacional Situacionista.

Conectando la inscripción de Debord en la pared de la rue de Seine, la tarjeta postal de Buffier, la posterior recuperación y publicación de una versión recortada de la postal en la revista Internationale Situationiste 8, las pinturas de Guagnini usan una imagen levemente más recortada. La reducción de la imagen fotográfica se acentúa dado que las pinturas oscilan entre monocromos y duotonos, su ambigüedad espacial el resultado de la superposición de trasparencias de blanco, gris y plateado. Guagnini instaló dos de las pinturas en una estructura especialmente diseñada, derivada de su interés en el Litfassaulen (las columnas publicitarias originadas en Berlin). Estas difieren del estilo de publicidad norteamericano, como por ejemplo la cartelera, dado que presentan su mensaje a los transeúntes en un radio completo de 360 grados, cubriendo todas las direcciones de acercamiento. En la versión de Guagnini, también reminiscente de una garita de control policial, dos pinturas coexisten con dos vidrios espejados, creando un espacio interior infinito y poniente al espectador en el lugar del vigilante.

La exposición se completa en el segundo espacio de la galería con el video 'Transparente lealtad', (2012, 36 minutos, cámara de Jeff Preiss y Leigh Ledare, editado por Guagnini y Jessica Burgess), que muestra al artista manifestándose solo por las calles de Harlem con una bandera transparente. Guagnini inicia su recorrido en la parte más pobre del barrio, una estación de traslado de basura, y camina hacia la Universidad de Columbia, una isla de privilegio a la que él pertenece como profesor. En sintonía con una política de capitulación y desencanto articulados como solapada subversión, y reposicionándose como un hijo de las promesas revolucionarias fallidas de Mayo del 68, Guagnini flamea su bandera en momentos no heroicos, haciendo del contexto su contenido, y de la contingencia ideología. La negación y el retroceso no son opciones válidas, pero tampoco una inocente utopía. Transparencia, vigilancia, espacio público, reflejos y reflectividad constituyen los elementos de la poética crítica de su espacio y su tiempo.

___________________________________________________________________________________________________________________________________________

For his first solo exhibition at Marta Cervera Gallery, Argentine born and New York based artist Nicolas Guagnini will present four quasi-white-on-white paintings. The almost indistinguishable works comprising this open series that stage the same famous slogan written on a Paris street corner in the early 1950s. The paintings represent a photographic image only made decipherable as such when the viewer identifies an inscription. The image is a crop of a controversial postcard of a Paris building wall marked by the Situationist graffiti, 'NE TRAVAILLEZ JAMAIS.' The writing was probably executed with chalk by theorist, filmmaker, activist and cultural critic Guy Debord.

In 1963, Debord received a letter from the Cercle de la Librairie demanding payment for copyright infringement on behalf of a publisher named Buffier. As in fact he had, Debord was accused of lifting the photograph of the graffiti published in the journal Internationale Situationniste from one of a series of postcards of Parisian scenes with 'funny' captions. However, in a brilliantly crafted response, Debord argued that since he was the author of the original inscription of the slogan (something for which he claimed he could produce several witnesses), it was in fact the photographer and the publisher who had infringed on his authorship. Rejecting the whole of intellectual property law, Debord magnanimously proposed that he would not press charges. The phrase itself went on to become one of the most remembered slogans of May ‘68.

'Ne travaillez jamais' is celebrated, oft-repeated, yet has proved difficult to place into effective circulation — despite (or rather, maybe, because of) its strange familiarity. Ironically, the Situationist critique of labor doesn’t function any longer, as the whole of the SI can be said to have been reified into a cultural totem, the business of Art History departments, and footnotes in exhibition catalogues, a defined unit of value in the knowledge economy. The works presented in this exhibition, moreover, attempt to put the phrase into circulation anew by way of painting, the one locus, to be sure, where the Situationist proscription should not, cannot, and will not circulate. The space of meaning and object production claimed by Guagnini’s works, and the specific spatial and temporal design for their marketing, seem to systematically cover all the grounds for expulsion from the SI.

Connecting Debord’s actual inscription on the wall of the rue de Seine, Buffier’s postcard of the graffiti, the recuperation and publication of a cropped version of the postcard in Internationale Situationiste #8, Guagnini’s paintings feature an even slightly more reductive crop. The paintings further reduce the photographic image as they oscillate between monochromes and duotones. Their spatial and planar ambiguity is obtained by overlaying transparencies of white, silver, and gray. Guagnini installed two paintings in a specially designed quasi-public display structure, in part derived from his interest in Litfassaulen (the Euro-style advertising columns that originate in Berlin). These differ from American forms of commercial public address, the billboard for instance, because they target pedestrians in a 360-degree space. In Guagnini’s version, also reminiscent of a police control booth, two paintings are displayed and the other two sides are covered with one-way mirror, creating an infinite interior space and placing the viewer in the place of the surveyor.

Completing the exhibition, in the second space of the gallery, the video 'Clear Allegiance' (2012, 36 minutes, camera by Jeff Preiss and Leigh Ledare, edited by Guagnini and Jessica Burgess) features the artist demonstrating by himself in the streets of Harlem with a transparent flag. Guagnini starts in the poorest part of the neighborhood, near a trash processing plant, and walks up to Columbia University, an island of privilege to which he indeed belongs himself as a professor. In keeping with the entwined politics of disenchanted capitulation and sly subversion, repositioning himself as a child of the failed revolutionary promises of 1968, Guagnini waves his flag in non-heroic moments, making the context his content, contingency his ideology. Negation and retreat are not an option, but neither is utopia. Transparency, surveillance, public space, reflection and reflexivity constitute the elements of Guagnini’s critical poetics of his time and space.