Alejandro Obregón y Bernardo Salcedo

Alejandro Obregón y Bernardo Salcedo

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Invitation

Wednesday, March 17, 2010Friday, May 14, 2010


Bogotá, Colombia

Alejandro Obregón y Bernardo Salcedo

17 de Marzo - 14 de Mayo 2010

El pasado miércoles 17 de marzo la Galería El Museo inauguró las exposiciones individuales de dos de las figuras más representativas de la plástica en Colombia: Alejandro Obregón y Bernardo Salcedo, artistas con los que la galería mantuvo una estrecha relación siendo su representante durante varios años. La exposición cuenta con alrededor de 20 obras de cada artista enfocándose en la disciplina que más los caracterizó. De Alejandro Obregón se encuentran pinturas de diferentes épocas de su proceso plástico que darán cuenta de las diversas etapas del artista, mientas que en el caso de Salcedo la exposición se centra en su trabajo tridimensional caracterizado por la construcción de ensamblajes a partir de objetos y fotografías.

La obra de Bernardo Salcedo se ha destacado por producir desplazamientos en la forma de entender los objetos como unidades materiales estáticas, en la medida en que los objetos cobran un nuevo sentido a partir de su interacción como componentes de la obra. Al superponer piezas aparentemente banales y valiéndose de la importancia que cobran los títulos, como un elemento más en el proceso de re-significación, la obra adquiere un nuevo sentido cargado muchas veces de humor e ironía. La obra de Salcedo trasciende la dimensión estética al expandirse a campos simbólicos e ideológicos, que a partir de objetos, crean ensamblajes que aluden a otra manera de entender la realidad.

Los objetos escultóricos de Salcedo, escapan a las formas de categorización de los esquemas establecidos por el arte. Sus objetos no pueden ser definidos simplemente como esculturas o fotografías, sino que habitan un lugar que ocupa el límite entre dichas disciplinas. Los ensamblajes realizados a partir de fotografías se dividen en dos series: la primera, titulada “Intervenciones”, parte del uso de fotos de paisajes, mientras que la segunda “Señales particulares”, se basa en la utilización de fotografías de personas anónimas en las que su identidad se ve anulada mediante el ocultamiento de los rostros por medio de los objetos que el artista superpone.

Salcedo realizó además otro tipo de ensamblajes cercanos a una tradición surrealista, en los que se manifiesta la relación entre el hombre y la máquina, haciendo evidente su interés por el tiempo, lo mecánico y la fragmentación. El insistente uso del formato pequeño puede ser explicado tan solo mediante una pregunta que el mismo artista se planteaba: “¿Qué otra dimensión podrían tener los fetiches?”. Su trabajo recuerda especialmente la obra de grandes artistas reconocidos durante las primeras vanguardias del siglo XX como Marcel Duchamp o Man Ray.

La obra de Bernardo Salcedo está cargada de significados, que sin ser demasiado obvios se hacen evidentes dentro de la misma obra, por lo que el mismo artista se negaba muchas veces a dar una explicación demasiado exhaustiva sobre sus piezas, argumentando “que el artista es un ser mudo y que la obra no es un jeroglífico”.

Bernardo Salcedo nació en Bogotá en 1939 y falleció en 2007. Estudió arquitectura en la Universidad Nacional de Colombia, en donde además realizó estudios en sociología y antropología. En 1965 se graduó y a partir de ese momento su obra ha formado parte de importantes muestras tanto a nivel nacional como internacional.

Después de 18 años de la muerte de Alejandro Obregón, su obra es en definitiva un referente obligado en el panorama del arte latinoamericano. Obregón nace en Barcelona en 1920 y muere en Cartagena en 1992. Desde su participación en el V Salón Nacional de Artistas en 1944, su presencia ha sido protagonista en el marco de la plástica en Colombia convirtiéndose en una figura canónica tanto para artistas como para críticos e historiadores del arte. Su obra ha sido estudiada por Marta Traba, Walter Engel, Casimiro Eiger, Álvaro Medina, Pierre Restany y Carmen María Jaramillo entre otros. Sus piezas se encuentran en colecciones tan importantes como la del MOMA (Museo de Arte Moderno de Nueva York), la del Salomón R. Guggenheim Museum en Nueva York, la del Museo de Arte de las Américas de la Organización de Estados Americanos o el Museo de Arte Jack S. Blanton de la Universidad de Texas.

La obra de Alejandro Obregón determinó la modernidad en nuestra pintura, modificando las estructuras plásticas de su generación y de las generaciones venideras. Su lenguaje, influido por las tendencias modernas europeas y enriquecido por el color y el movimiento del trópico colombiano, denunció de manera única la delicada situación política y social que vivía Colombia en las décadas de los 50 y 60. Por otro lado, logró transformar la noción tradicional de paisaje recreando una realidad que trascendía la representación y que se acercaba más a nociones como la de “Lo real maravilloso” planteada por Alejo Carpentier. El trabajo de Obregón hizo que el trópico y el espíritu caribeño fueran entendidos de una nueva manera, ya que temáticas como la flora y la fauna adquirían un carácter simbólico que las alejaba de las representaciones puramente naturalistas. Esta nueva forma de representación se hacía evidente a través de dos elementos principales: por un lado, el manejo del espacio no respondía a una lógica ligada a la realidad objetiva, sino a su propia percepción de los objetos representados; y por el otro, su lenguaje plástico se debatía entre lo figurativo y lo abstracto, entre la imagen violenta y la serenidad atmosférica.

Las temáticas en la pintura de Obregón fueron siempre recurrentes, se movían entre retratos de familiares o amigos, autorretratos, tópicos relacionados con la denuncia social y económica, y acercamientos desde una visión cargada de emoción, a la topografía y la flora y fauna colombiana, a través de la constante presencia del mar, las barracudas, los cóndores y las flores carnívoras. La visión emotiva de Colombia que el maestro Obregón tenía se hizo evidente, como afirma Carmen María Jaramillo, en la dualidad que presentaban sus obras entre desasosiego y fascinación que le producía nuestro país.