Marco Maggi 'la menor idea'

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Friday, February 17, 2012


Madrid, Spain

Construyo confusiones precisas para ser observadas sin la menor esperanza de ser informado.
La muestra propone un itinerario con 400 escalas y ningún destino. Un escándalo lento, un detenimiento que intenta estimular nuestra frágil simpatía por lo insignificante. Conocemos la estructura del ADN pero no podemos recordar el alfabeto del genoma.

No somos capaces de leer un pelo a pesar de tener claro que puede incluir información suficiente para clonar a nuestro mejor amigo. ¿La incapacidad de relacionarnos con este tipo de información debe asimilarse a la ceguera o definirse como un nuevo analfabetismo? En ambos casos lo más recomendable sería asumir con paciencia y resignación que estamos condenados a saber más y comprender menos, víctimas de una indigestión semiótica. Cada día, miramos televisión sin poder percibir la diferencia entre una transmisión en vivo y la muerte.

La percusión extrema de una noticia impide toda posible repercusión. Llueve una sobredosis de drama y comedia que nos anestesia para constituirse, por saturación, en una herramienta de censura más eficiente que una tijera.
Estamos fundando la sociedad de la información disfuncional: la realidad se hace ilegible; y las artes visuales, invisibles. Dejar de entender es mi profesión. Entender cada día menos exige un entrenamiento riguroso. No entender es básico y muy saludable. Cuando no entendemos, dudamos, nos sentimos inseguros. Reducimos la velocidad de nuestras decisiones, multiplicamos nuestra atención, somos delicados y muy cuidadosos.

Cuando no tenemos ninguna duda, cuando nos acompaña la fe y sus certezas nos transformamos en un peligro público capaz de tomar decisiones urgentes y radicales.
En el arte, en la diplomacia y en los automóviles, la velocidad es trágica.
Dibujar se parece a escribir en un idioma que no se leer. Dibujar exige respetar una sola señal de tránsito: STOP. Soy un promotor de pausas y mi intención es sugerir una mutación de protocolo que permita hacer visible el tiempo. Las computadoras aceleran y se conectan a larga distancia para permitirnos frenar y acercarnos. Reducir la escala como gesto de humanización y ejercer la delicadeza como actividad subversiva.