Eduardo Chillida 'alabastros'

Eduardo Chillida 'alabastros'

exhibition view by eduardo chillida

Eduardo Chillida

Exhibition view

exhibition view by eduardo chillida

Eduardo Chillida

Exhibition view

exhibition view by eduardo chillida

Eduardo Chillida

Exhibition view

untitled by eduardo chillida

Eduardo Chillida

Untitled, 1973

untitled by eduardo chillida

Eduardo Chillida

Untitled, 1965

Thursday, December 9, 2010Monday, January 31, 2011


Madrid, Spain

”Las esculturas de alabastro no intentan encerrar el espacio interior (…) son bloques de transparencia en los que la forma se vuelve espacio y el espacio se disuelve en vibraciones luminosas”

Octavio Paz,
Chillida vom Eisen zun Licht,
en Chillida Skulpturen,
Hannover, 1981

Galería Cayón tiene el placer de presentar Eduardo Chillida: alabastros.

La exposición, centrada en las consideradas -por muchos- como una de las series más personales y soberbias de Eduardo Chillida (1924-2002), gira en exclusivo redor de la obra realizada en alabastro. Considerado hace 40 años como un material poco moderno y propio de un arte menor, Chillida realizó su primer alabastro en 1965, sin duda volviendo la mirada a lo admirado tres lustros antes (1949-1951) en el Museo del Louvre “[museo] que ya me sabía de memoria”i: las esculturas de arte clásico y cicládico.
Los alabastros son, quizá, la máxima expresión de la preocupación del artista por la luz y su vibración. Es en este mineral en el que la luminosidad llega a grado extremo, pues luminoso, en su primera acepción, es aquello que despide luz. Así es, de los alabastros de Chillida se ha dicho que tienen “luz propia”ii o, lo que podría decirse en otras palabras, que la luz es “inherente al volumen”iii. Por la herencia clásica es esa luz blanca frente a la “luz oscura”; la luz de la tradición escultórica milenaria del Mediterráneo frente a la oscura luz del Atlántico, usando las manidas palabras del artista.

Simplificando, podría decirse que los alabastros se dividen en varias series, todas ellas representadas en esta exposición. En la primera, las obras se asemejan a una plancha de grabador con incisiones que, con el paso del tiempo, se irán haciendo cada vez más profundas; la lectura de estas piezas es totalmente frontal pues funcionan como bajo (sobre todo las primeras de los 60), medio y alto relieve, pues la parte trasera no está pensada para ser mostrada. Un segundo grupo se corresponde a una serie de obras planas (en el sentido en que tienen un lado no visible), de lectura superior y forma abierta, en las que las diaclasas de la piedra producen una vibración sutil que las convierte en obras paradójicas al parecer un temblor (la diaclasa) en un material que aparentemente nos parece rotundo. Por último, un tercer grupo de aspecto más bien cúbico y más o menos horada jugando con la relación del espacio interior y exterior.

Un buen número de alabastros tiene en común que en ocasiones presenta zonas sin tocar como los célebres esclavos de Miguel Ángel, aunque también encontraremos piezas totalmente rematadas. Para la exposición de las obras en la galería, se ha proyectado mantener la sala a oscuras y situar los puntos de luz en las bases de los plintos. Se trataría de luz fría regulable en intensidad, de manera que la lectura de las obras se realizaría desde el interior de las mismas, creándose además un ambiente de absoluto recogimiento y concentración.

La exposición se ha realizado en colaboración con diversas colecciones particulares y el Museo Chillida Leku.