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La Galería Juana de Aizpuru se complace en presentar una exposición de obras nuevas del artista polaco Miroslaw Balka. Balka se caracteriza por sus cuidadosas e imponentes instalaciones escultóricas que, a menudo, se relacionan con su cuerpo y con un sentido colectivo de la corporalidad puesto en evidencia a través de su falta de manifestación. La cera, el hierro, el yeso y la madera son algunos de los materiales utilizados por el artista, los cuales obtiene de objetos encontrados o transformados, o de simples construcciones que hacen referencia a rituales domésticos cotidianos, así como a memorias personales y colectivas, impregnadas de una conciencia fatalista.
Balka describe sus instalaciones en términos de una ‘frase,’ cada escultura es una palabra que, a través de la colaboración y la configuración con las demás de la instalación, crea significados nuevos e inesperados. Gran parte de la obra de Balka es alusiva y sugiere una gran variedad de significados que, en algunas ocasiones, es el indicio de una narrativa muy particular que puede atribuirse a su forma y su superficie. Balka recoge historias en su vida, mezclando su propia historia con ideas abstractas y reales. En numerosas ocasiones utiliza las proporciones del cuerpo humano, concretamente las suyas, para determinar las dimensiones de su obra, ubicando sus esculturas de manera muy particular dentro del espacio, como si el compromiso emocional se manifestara a través de la dimensión espacial que sugiere. (En algunos casos los títulos de sus obras son simplemente las dimensiones de la escultura).
Balka ha descrito su obra como una liberación de la ‘energía’ contenida en la materia, de manera que lo que se considera como un corte o una marca puede ser una transformación o una modificación del objeto y, por tanto, de su significado. Los materiales que Balka utiliza parecen a primera vista inertes, densos y pesados, gracias a su presentación en un estado casi puro; las formas aparecen a menudo encubiertas y conmovedoras. El uso que da a los materiales también puede ser extremadamente íntimo y romántico. En obras como ‘Soap corridor’ (instalada en la Bienal Venecia de 1993), el ritual de lavar evoca las huellas de una existencia física y humana.
En esta exposición el artista presenta en la sala grande de la galería un video, obtenido a partir de negativos de fotografías de la luna, el cual, junto con un banco que puede girar sobre su eje, componen una video instalación. En manos de Balka los materiales se transforman dando lugar a nuevas ideas y expresiones, como en esta pieza llena de romanticismo casi místico. En esta misma sala hay otra pieza donde un recipiente de hierro, con huecos asemejando heridas sin cerrar, recibe un chorro constante de vino tinto (sangre roja). La última pieza de esta sala está formada por los restos de un contenedor, por primera vez no rechazado por estar pintado, donde ha recreado un espacio intimo y protector, casi un bunker, donde sentirnos seguros tanto de las agresiones como de las miradas externas. Para poder tener acceso a la visión interna de este espacio, Balka nos obliga a pasar por el estrecho pasillo que quedar entre esta pieza y la pared. Lo fácil es ver la espalda, el exterior, de esta pieza pero se nos oculta de la visión su intimidad. En la sala contigua, hay otras tres esculturas una de ellas compuesta de una correa de perro, a la altura del cuello de un perro de dimensión media. La presencia del perro se manifiesta a través de su ausencia, no está el amigo pero está el objeto que nos lo hace presente. En la misma sala hay otra escultura colgada del techo con un tejado giratorio realizado en hierro, la cual nos da una sensación de seguridad y protección, no una seguridad física sino llena de energía. El tejado protector asemeja a las alas protectoras del Espíritu Santo descendiendo sobre las cabezas en Pentecosté. Por ultimo, en el fondo de la sala se ha colocado otra escultura: se trata de una cuerda de seguridad (similar a las utilizadas en los museos para evitar que las personas toquen las pinturas) recubierta de pelo humano, en este caso la cuerda está frente a una pared vacía, consiguiéndose una sensación de desasosiego y tragedia.
The Galería Juana de Aizpuru is pleased to present an exhibition with new works by the Polish artist Miroslaw Balka. Balka is known for his careful but resounding installations which often relate to his own body and also to a collective sense of corporality felt intensely through its manifest absence. Wax, steel, plaster and wood are some of the materials the artist uses in either found and altered objects or simple constructions, which refer to everyday domestic rituals as well as personal and collective memories, imbued with a consciousness of mortality. Balka describes his installations in terms of a `phrase', each sculpture is a word that, through the collaboration and configuration with the rest of the installation, creates new and unexpected meanings. Most of Balka's work is allusive and suggests a great variety of meanings that, in some cases, is the sign of a very particular narrative that can be ascribed to its shape and surface. Balka accumulates stories of his life, mixing his own history with real and abstract ideas. He often uses the human body's proportions, specifically his, to scale his work, placing his sculptures in a specific way inside the space, as if the emotional engagement is manifested through felt, spatial dimension. (Occasionally the titles of his works are simply the dimensions of the sculptures).
Balka describes his work as a liberation of `energy' contained in simple materials, in a way that a considered cut or mark can be the transformation or modification of the object, therefore of its meaning. The materials Balka uses are often at first glance inert, dense and weighty, presented in their virtually unaltered state; the forms often covert and pathetic. His use of materials can be also extremely intimate and romantic. In works such as `Soap corridor' (installed at the 1993 Venice Biennial), the ritual of washing evoked as well as the material trace of a physical human existence. In this exhibition the artist presents a video in the large room of the gallery, obtained from negatives of photographs of the moon, which, along with a bench that can rotate on its axis, creates a video installation. In Balka's hands the materials transform into a new idea or expression, like in this piece full mystical romanticism. In this same room there is another piece where a steel container, with holes simulating wounds unhealed, receives a constant splash of red wine (red blood). The last piece of this room is formed by the remains of a container, for the first time not rejected for being painted, where he recreated an intimate and protective space, as a bunker, where to feel safe from the external aggressions and glances. In order to have access to the internal vision of this space, Balka forces us to pass through a narrow hall that he left between the piece and the wall. It's easy to see the back, the outside of the piece but its privacy is hidden from our vision. In the next room there are three sculptures more, one of them made of a dog strap, which height is of a dog's neck, in normal size. The presence of the dog is pronounced through its absence, the friend isn't there but there is the object that reminds us of his presence. In the same room there is sculpture hanging from the ceiling with a rotating roof made of steel, which gives us a sensation of security and protection, not a physical one but full of energy. The protective roof resembles the protective wings of the Holy Spirit descending on the heads in Pentecost. Finally, in one corner of the room another sculpture has been placed: is a guard-rope (similar to those used in museums to keep people from touching the paintings) covered with human hair; in this case the rope is in front of an emp
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