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José Manuel Fors    Nov 14 - Dec 31, 2008

Jardín
José Manuel Fors
Jardín, 2008
 
Objetos
José Manuel Fors
Objetos, 2008
 
Objetos perdidos (detail)
José Manuel Fors
Objetos perdidos (detail), 2008
 
Tierra rara
José Manuel Fors
Tierra rara, 2008
 
  
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Breve introducción.
I
Siempre encontré en la obra de Fors (quizás por racional empatía) el intento de una arquitectura de la historia de la nación a través del núcleo familiar. La formación de todo lo demás a partir de la aparente simpleza de un hogar y su propia historia. Para él, todo lo necesario está ahí, entre cuatro paredes donde hurgar, descubrir, manipular, apropiarse de la imagen de otro y re-utilizarla para sí como parte de un entramado interminable. El valor de cada objeto es medido por su desgaste y uso, el de cada persona porque lleva en sí “la esencia” de su tiempo.

Utilizando algunas de sus series anteriores como obligado referente, Objetos retoma sus “Atados de Memoria” con la carga primera de la imagen familiar, la utilización, años después, del texto escrito con todo lo enigmático que supone una dedicatoria ajena, y la incorporación ahora del objeto ya usado, gastado por el tiempo. A manera de recorrido incluye también otros dos grandes y permanentes temas en los últimos años, la serie “Tierra rara” que tuvo su comienzo en 1988; y que con formas abstractas, entretejidas por alambres con aparente descuido ubicados sobre la tierra, no es más que materia, oxidación. Por último, y también, su serie “Objetos perdidos”, la que intencionalmente dará paso a Objetos, el que ya aquí no necesita de la foto o nota como dato contextual. Instalacionista por naturaleza, tanto “Tierra Rara” como “Objetos Perdidos” constituyen enormes construcciones fotográficas compuestas por miles de pequeñas fotos manualmente reveladas y cuidadosamente ubicadas. Un proceso que al comenzar parecería interminable. Al igual que en sus series anteriores hay aquí un largo proceso de búsqueda y convivencia con su pasado, de observación y lectura. Se repite la metodología ensayada: interminables horas de estructuración y trabajo manual. Acostumbrados a la frialdad y distancia de una imagen, el objeto en sí es ahora mostrado, desenmascarado. Ante una imagen fotográfica siempre vimos lo que otro vio, nunca lo que hubiésemos visto. Y sin embargo, luego de una inconsciente y larga espera se muestra desnudo. Sin lo que encierra o significa no pasaría de ser un lindo recuerdo. Es, de cierta forma, una defensa a una zona de la cultura poco mencionada, que ha permanecido por largo tiempo oculta, reclamando su espacio y responsabilidad en la conformación de la Cultura Cubana, de lo que damos en llamar cubanía y que en el “ajiaco” de “lo cubano” tiene un espacio a veces olvidado.

Pudiera definirse, quizás, como la diferencia, la necesidad de permanente encierro; es por “genética” más intimista, alejada del gran escenario, de las masivas demostraciones como necesidad de autorreafirmación cultural. Se apoya en la familia como núcleo principal, es así por espíritu y como soporte conceptual a una obra que por solución visual o estética, y desde su génesis, utiliza el pasado para dar su propia versión del presente, espacio de debate por mucho tiempo negado.

II
Es probablemente la década de los ochenta el momento de más drástica renovación del arte cubano. Emerge una generación que trabajará en permanente estado de belicosidad. Casi todo pasa ahí. Los temas usados durante los últimos veinte años son abiertamente desechados. Para la nueva producción artística todo es cuestionable y cuestionado. La Institución Arte es sacudida. Lo que pasaba de forma inadvertida al otro, comenzó a ser observado. Una generación, a la postre imprescindible, se daba a conocer, y con ella, la atención sobre el arte realizado dentro de la isla se haría permanente. Deudor de su generación, es José Manuel Fors uno de los protagonistas del Proyecto Volumen Uno (1981). Son el conceptualismo, el pop art, el abstraccionismo y el land art, entre otros, algunas de sus herramientas. De unos recogen el uso de la apropiación, de otros la solución formal del discurso. En su caso, la obsesión por la antropología de la historia le da cuerpo a una obra que busca referentes históricos (objetos, documentos, libros, fotos, etc), como metodología permanente de su producción posterior y la que le permitirá convertirse en un renovador de la fotografía cubana. Museólogo de formación como segunda carrera no escapa, tampoco, a la magia del procedimiento de conservación como referencia conceptual y práctica de su proceso productivo. Es método también, para él, apropiarse de un pasado común (su pasado) y dotarlo de sentido.

III
Estamos ante una obra que, como en Dulce María Loynaz, a quien le dedica “Jardín”, y a quien quizás también le deba más de una sugerencia, se “autorrefugia” en un pasado glorioso para no ser arrasada por un caprichoso presente. No necesita, como su generación, de los grandes temas del momento, prefiere tomar distancia y a lo que otros dan por sentado, él más bien trata de buscarle un sentido. Para Fors nada estará donde debe si “el tiempo” no lo ubica.

Alejandro Machado Font
La Habana, Octubre del año 2008

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